La Espera

Solo Dios conoce este dolor
que anida en mi estomago y vientre,
afilado, silencioso,
y eternamente a la espera. 

A veces ardo por dentro,
como ardían aquellas pesadillas de la infancia
que nunca aprendieron a dormir.
Quizá sea mi karma,
mi condena más íntima;
tal vez merecida
por haber dejado escapar milagros irrepetibles.
Cargo la culpa
y no encuentro en mí
la gracia del perdón.

Escribo, pinto,
dejo que mis dedos hablen al piano
y por un instante el peso cede;
pero todo es fugaz,
porque cada trazo, cada nota, cada palabra
nace impregnada de ti
y pronuncia tu nombre
aunque el silencio intente negarlo.

Más desearte no me es posible,
más llorarte tampoco…

He comprendido que te esperaré
más allá de mi propia muerte,
porque este amor no conoce finales:
es bello,
y por eso, eterno.

Y el día en que vuelva a mirarte,
mi sonrisa ya no será un reflejo cruel;
será, al fin,
una sonrisa completa.

 

El cadaver vestido de novia a la espera, sobre el medium, la guitarra.